Volví.
No para quedarme. No para corregir lo que fui. No para reescribir senderos.
Volví porque encontré este lugar intacto, como un bosque que siguió creciendo mientras yo aprendía otros nombres para el mundo.
Aquí escribí cuando no sabía explicarme, cuando pensar era perderse y perderse era la única forma honesta de avanzar.
Hoy escribo distinto. No mejor. Solo con más capas.
Este sitio no es pasado. Es raíz.
Lo dejo tal como está, no como abandono, sino como testimonio:
hubo una conciencia aquí buscando sentido entre árboles, silencios
—y lo sigue haciendo, aunque ahora mire desde otros claros.
Si alguien llega hasta estas palabras, sepa esto:
no todos los que entran a un bosque están perdidos. Algunos solo están recordando cómo escuchar.






