jueves, 7 de septiembre de 2017

No entres dócilmente en esa noche quieta





No entres dócilmente en esa noche quieta. 
La vejez debería delirar y arder cuando se cierra el día; 
Rabia, rabia, contra la agonía de la luz. 

Aunque los sabios al morir entiendan que la tiniebla es justa, 
porque sus palabras no ensartaron relámpagos 
no entran dócilmente en esa noche quieta. 

Los buenos, que tras la última quietud lloran por ese brillo 
con sus actos frágiles pudieron danzar en una bahía verde 
rabian, rabian contra la agonía de la luz. 

Los locos que atraparon y cantaron al sol en su carrera 
y aprenden, ya muy tarde, que llenaron de pena su camino 
no entran dócilmente en esa noche quieta. 

Los solemnes, cercanos a la muerte, que ven con mirada deslumbrante 
cuánto los ojos ciegos pudieron alegrarse y arder como meteoros 
rabian, rabian contra la agonía de la luz. 

Y tú mi padre, allí, en tu triste apogeo 
maldice, bendice, que yo ahora imploro con la vehemencia de tus lágrimas. 
No entres dócilmente en esa noche quieta. 
Rabia, rabia contra la agonía de la luz.

Dylan Thomas

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